Cola virtual para restaurantes: cómo funciona y cuál elegir
Una cola virtual guarda el turno del cliente sin retener al cliente en la cola. Coge su número en el mostrador, se marcha, y su propio móvil le avisa cuando el pedido está listo. El metro cuadrado que había delante de la caja vuelve a ser un paso.
Esta página habla del sistema en sí, no de cómo acortar una cola: qué hace, cómo se monta en un mostrador o en una plaza de restauración, en qué se diferencia de una lista de espera de mesas y de un localizador de mano, y qué preguntar antes de elegir uno. Bipresto es uno de ellos, gratis y sin equipo, y esta página dice con la misma claridad lo que no hace.
- Cero aparatosnada que comprar, cargar ni limpiar
- Un númeroentregado al escanear, con el turno en directo
- Un carteles todo el equipo que hace falta
- El mismo díaentre la decisión y el primer aviso enviado
Lo esencial
- Una cola virtual guarda el sitio, así que el cliente puede sentarse, salir un momento o entrar en la tienda de al lado sin perderlo.
- El receptor es el móvil del cliente, así que no hay parque de aparatos que dimensionar ni tope de personas esperando.
- No es una lista de espera de mesas ni un localizador: tres herramientas para tres esperas distintas.
- En Bipresto el aviso es una página web que suena y vibra: ni SMS ni aplicación, así que no hay nada que pagar por mensaje.
- Un cliente sin móvil recibe su número a mano y entra en la misma lista que los demás.
Qué es exactamente una cola virtual
Una cola normal es un objeto físico: una fila de personas cuyo orden existe solo porque cada una ve a la de delante. Saque a la gente del pasillo y el orden desaparece con ella. Por eso se espera de pie junto al mostrador incluso sabiendo que va a tardar.
Una cola virtual separa las dos cosas. El orden vive en una pantalla, en su lado, y cada cliente se lleva una prueba de su sitio: un número, en su propio móvil. Ya no necesita estar a la vista para existir en la cola, así que puede sentarse en la sala, esperar en la acera o ir a comprar algo al lado. Cuando le toca, es el sistema el que va a buscarle.
La palabra virtual no describe entonces una tecnología: describe lo que ha desaparecido, que es la cola. Todo lo demás sigue ahí, empezando por el orden de llegada, que se mantiene. El cliente no gana un turno mejor, gana el derecho a no estar de pie para guardar el suyo.
- El turno lo guarda el sistema, no la presencia física del cliente.
- El cliente se lleva la prueba de su turno: un número en el móvil.
- El orden de llegada no cambia, así que nadie se cuela.
- El aviso va hacia el cliente, en vez de que el cliente vigile el mostrador.
Cómo funciona, del código QR al aviso
Para el cliente son tres gestos. Escanea con la cámara el código QR del mostrador, deja un correo y un teléfono, y su página se abre con un número de pedido. Esa página le dice en directo por dónde va: tres pedidos antes del suyo, y luego es el siguiente. Toca una vez un botón para permitir el sonido, porque ningún navegador deja que una página suene sin ese gesto, y deja la pestaña abierta con la pantalla encendida.
En su lado hace falta una pantalla, la que ya tiene: móvil, tableta u ordenador. Los pedidos se ordenan en dos columnas, los que hay que preparar y los que esperan a su cliente. Cuando el plato sale, toca la línea. Su móvil suena, vibra, muestra el número a pantalla completa y hace parpadear el título de la pestaña.
Dos detalles marcan la diferencia en hora punta. En el pedido se ve si el aviso ha sido visto, así que sabe quién viene de camino y quién no se ha enterado. Y con un toque vuelve a sonar, en lugar de cantar un nombre por segunda vez con el molinillo en marcha.
Conviene decir claramente qué no pasa, porque este rincón del mercado suele ser vago: con Bipresto no se envía ningún SMS y no se instala nada. El aviso es la página web que el cliente ha dejado abierta. Por eso no hay nada que pagar por mensaje, y por eso importa la frase que se dice en caja: escanea, deja la página abierta, el móvil sonará.
- El cliente escaneaBasta la cámara. Deja su correo y su teléfono, y recibe su número.
- Ve su turnoSu página muestra en directo cuántos pedidos pasan antes del suyo.
- Espera donde quiereEn la sala, en la terraza, en la calle. El turno se guarda sin él.
- Usted toca listoSu móvil suena y vibra, y usted ve si lo ha visto.
Cola virtual, lista de espera y localizador: tres cosas
Las tres avisan a alguien en el momento justo, y ahí acaba el parecido. Una lista de espera de mesas gestiona grupos que esperan sentarse: cuenta cuántos son, el orden no es estricto y la espera se mide a menudo en cuartos de hora. Una cola de mostrador gestiona pedidos: estrictamente por orden de llegada, y el riesgo no es el grupo que se marcha, sino el plato que se enfría.
El localizador, en cambio, no es una cola: es un receptor. Es el aparato que entrega para que el cliente siga siendo localizable, y es justo la pieza que mejor sustituye el móvil que lleva en el bolsillo. Se puede tener una cola virtual sin un solo localizador, y se puede tener una caja de localizadores sin ninguna cola ordenada, solo con una libreta y buena memoria.
Esta distinción acaba en el presupuesto. Un parque de aparatos limita su sala de espera al número de receptores comprados, y ese límite se paga por adelantado, dimensionado según su peor hora. Una cola virtual no tiene límite, porque cada cliente trae su propio receptor.
En una plaza de restauración la diferencia es aún más clara. En un pasillo compartido no hay sitio para una base de carga por puesto, y un cliente que ha pedido en dos mostradores acaba con dos aparatos en la mano. Dos números en un móvil son simplemente más cómodos, y come donde ha encontrado sitio.
| Qué se espera | El receptor | El tope | |
|---|---|---|---|
| Lista de espera de mesas | Una mesa, para un grupo | El móvil del cliente | El tamaño de la sala |
| Localizador de mostrador | Un pedido listo | Un aparato prestado | El número de aparatos |
| Cola virtual | Un pedido listo, por orden de llegada | El móvil del cliente | Ninguno |
Lo que pide un parque de localizadores
- Una compra decidida antes de conocer su punta.
- Un enchufe permanente para la base de carga.
- Un paño entre dos clientes, siempre.
- Un recuento al cerrar y los repuestos.
Lo que pide una cola virtual
- Un cartel impreso encima del mostrador.
- Una pantalla que el equipo ya tiene abierta.
- Una frase en caja, siempre la misma.
- Un número a mano para quien no escanea.
Siete puntos que comprobar antes de elegir
Estos sistemas se parecen en la página de inicio y se separan en el uso diario. Siete preguntas los distinguen, y son las mismas para cualquier proveedor que mire.
La primera decide casi todo: el cliente tiene que instalar algo. Una cola de mediodía no instala una aplicación, así que un sistema que la exija pierde media sala en la primera prueba. La segunda va detrás: por dónde viaja el aviso. Un SMS se paga por mensaje y termina apareciendo como coste variable en la contabilidad; una página web que suena no se paga.
Luego vienen las preguntas de servicio. Se ve que el aviso ha llegado, o se avisa a ciegas. Se puede volver a hacerlo sonar sin rehacer el pedido. Qué hace el sistema con un cliente sin móvil, sabiendo que la única respuesta sostenible es un número dado a mano, en la misma lista. Y lee el cliente su página en su idioma, porque un turista que no entiende su pantalla vuelve a preguntar al mostrador.
La séptima es la que se olvida y luego se lamenta: de quién son los datos de contacto que dejan sus clientes. Un sistema que los recoge debe devolverlos, con el consentimiento del cliente, en un formato que usted pueda llevarse a otra parte.
- El cliente instala una aplicación, o basta el navegador.
- Por dónde viaja el aviso: página web, SMS de pago, notificación.
- Se ve si el cliente ha visto el aviso.
- Se puede volver a hacerlo sonar con un toque.
- Cómo se trata al cliente sin móvil.
- En qué idiomas lee el cliente su página de verdad.
- Se puede exportar su archivo de clientes, y en qué formato.
Las mismas siete preguntas a cada proveedor
- algo que instalar del lado del cliente, sí o no
- por qué canal sale el aviso, y cuánto cuesta por unidad
- el acuse de lectura del aviso, visible en el mostrador
- el segundo aviso sin rehacer el pedido
- la solución para el cliente sin móvil
- los idiomas que se muestran de verdad al cliente
- la exportación de su archivo de clientes y su formato
Qué gana la sala, y qué no gana
El primer efecto se ve en una hora: el metro delante de la caja se vacía. Quien ya ha pagado se sienta, y la cola que queda es la de quien quiere pedir, que es la que le da caja. El que pasa por delante veía un corrillo y ahora ve una sala llena, y son dos señales muy distintas.
El segundo es para el equipo. Ya nadie responde a si falta mucho, porque la respuesta está en la pantalla del cliente. Nadie canta un nombre, así que nadie lo repite. Y un pedido listo pero no visto aparece en el tablero, en vez de enfriarse por un motivo que nunca sabrá.
El tercero sorprende: la cola se convierte en una lista que puede releer. Cada cliente que escanea deja sus datos, con la casilla de promociones marcada por él. El tablero señala a los habituales, propone la reseña de Google en el momento adecuado, y una ruleta de premios puede ocupar la espera. Una cola llevada con localizadores o a voces no deja nada detrás.
Queda lo que no cambia, y mejor saberlo antes: la cocina no va más rápido, un sótano sin cobertura móvil sigue siendo un sótano sin cobertura, y alguien tiene que ofrecer el escaneo en caja, en la misma frase, cuarenta veces por hora. Es esa frase, y no la tecnología, la que decide si la cola se llena.
Antes: la cola de pie
- Quien ya ha pagado tapa a quien quiere pedir.
- El personal contesta diez veces a la misma pregunta.
- Un nombre cantado se pierde y el plato se enfría.
- Cien clientes a mediodía, y mañana no queda nada.
Después: la cola virtual
- La cola que queda es la de los clientes que piden.
- El turno aparece en directo en la página del cliente.
- El aviso suena, vibra y vuelve a sonar con un toque.
- Los habituales quedan señalados en el siguiente escaneo.
Abrir la suya esta semana
La puesta en marcha lleva unos veinte minutos, y la mayor parte se va en imprimir el cartel y buscarle un sitio sensato, a la altura de los ojos, donde el cliente ya se para. Crea la página con el nombre del local y su logotipo, el código QR existe de inmediato, y puede avisar a un primer cliente antes de que acabe el servicio.
Si ya tiene localizadores, deje los dos sistemas una semana en paralelo: el cartel al lado del cargador, y que elija el cliente. A los siete días tiene una cifra propia, la proporción de clientes que ha usado su propio móvil, y vale más que cualquier argumento.
Una cola virtual no se juzga entonces con una demostración, sino con un servicio real: estaba despejado el mostrador en hora punta, y a cuántos clientes se avisó sin que nadie levantara la voz. Las dos cosas se miden el primer sábado.
- Cree la página: nombre del local, logotipo, y el código QR está listo.
- Imprima el cartel y póngalo donde el cliente se para a pagar.
- Escriba la frase de caja en una línea, y manténgala.
- A la semana cuente quién ha escaneado, y decida con esa cifra.
Preguntas frecuentes
¿Qué es una cola virtual en un restaurante?
Una cola en la que el turno lo guarda el sistema y no el cliente que está dentro de ella. Coge su número, normalmente escaneando un código QR, espera donde quiere y recibe el aviso en su móvil cuando el pedido está listo. El orden de llegada no cambia.
¿En qué se diferencia de una lista de espera de mesas?
La lista de espera gestiona grupos que esperan mesa, donde cuenta cuántos son y el orden no es estricto. Una cola de mostrador gestiona pedidos por orden de llegada, donde el riesgo es el plato que se enfría y no el grupo que se marcha.
¿El cliente tiene que instalar una aplicación?
No. Escanea el código QR con la cámara y deja la página abierta: suena, vibra y muestra su número cuando usted toca listo. Toca una vez un botón para permitir el sonido, porque ningún navegador emite audio sin un gesto del visitante.
¿El cliente recibe un SMS?
Con Bipresto no. El aviso es la página web que ha dejado abierta, que suena y vibra, así que no hay nada que pagar por cliente avisado. Algunos sistemas de la competencia sí usan SMS: en ese caso pida el precio por cliente, no el precio del mes.
¿Funciona en una plaza de restauración?
Sí, y es donde el equipo físico lo pasa peor. En un puesto de un pasillo compartido no hay espacio para una base de carga, y un cliente que ha pedido en dos mostradores lleva dos números en un móvil en lugar de dos aparatos en la mano.
¿Y un cliente sin móvil?
Le da un número desde su pantalla y le llama en voz alta, igual que antes. Su pedido entra en la misma lista, así que su equipo no lleva nunca dos sistemas a la vez.
¿Cuántos clientes pueden esperar a la vez?
No hay tope, porque el receptor es el móvil de cada cliente. Con localizadores la sala de espera terminaba en el número de aparatos comprados, y el cliente siguiente volvía a la cola del mostrador.
Prueba Bipresto gratis
Crea tu página, imprime tu código QR y avisa hoy a tus primeros clientes.